Hace casi 60 años (se cumplirán en 2027), Alberto Lysy concretó su idea de crear una formación que desarrollase la música de cámara en el país, con el aporte de artistas del Teatro Colón y de la Orquesta Sinfónica Nacional, entre otros intérpretes argentinos y extranjeros que se daban cita en el verano en las jornadas de perfeccionamiento que se desarrollaban en Bariloche.

Ese lugar le dio apellido a su grupo y el nombre le vino de las obras que decidieron presentar. La Camerata Bariloche tuvo su debut oficial el 17 de septiembre de 1967 en la Biblioteca Sarmiento de esa localidad, con Lysy en la dirección, pero con un formato de actuación que no tenía batuta visible, sino que era la consecuencia del nivel de desarrollo alcanzado en los ensayos realizados en la sede de la Fundación Bariloche, en una casona llamada Soria Moria ubicada en la zona de Villa Llao Llao.

El prestigio dentro y fuera del país fue creciendo hasta que la Camerata Bariloche se consagró como el mejor conjunto de ese género a nivel latinoamericano, consolidada con decenas de giras por América, Europa y el Lejano y Cercano Oriente, como embajadora en las Olimpíadas Culturales de México y de Munich, en festivales internacionales en Austria, Italia, Suiza, Estados Unidos, España, México y muchos otros, y en conciertos en las más importantes salas del mundo y en premios, como el Konex de Platino.

Ese derrotero la trae hoy a Tucumán, con su presentación a las 20 y en el teatro Mercedes Sosa (San Martín 479), con “Clásico de los clásicos”. “En esta gira tenemos un programa variado que permite mostrar distintas facetas de la Camerata. Primero vamos a interpretar un movimiento de cada una de las Estaciones de Antonio Vivaldi, la conocida Serenata nocturna de Wolfgang Amadeus Mozart, y la Serenata para cuerdas de Piotr Ilich Tchaikovsky. Además incorporamos música de la Argentina, con tangos de Ástor Piazzolla: tenemos tres tangos y un bis. Es un repertorio que va desde el barroco hasta la música del siglo XX y permite combinar la gran tradición de la música de cámara europea con la música nuestra”, le describe a LA GACETA Demir Lulja, quien será el director invitado para el concierto de hoy (el director principal, Freddy Varela Montero, no podrá participar por compromisos previos), al frente de una veintena de intérpretes.

Lulja nació en Elbasan, Albania, y su presencia en esta orquesta es un ejemplo evidente de la motivación internacionalista que tuvo Lysy desde el primer encuentro. Formado en la Academia de Artes de Tirana, se desempeñó como solista y formó parte del Teatro Nacional de Ópera y Ballet de Albania para luego desarrollar una extensa carrera en Italia antes de radicarse a mediados de la década del 90 en la Argentina. Ha realizado varias giras por Europa como primer violinista en conjuntos de tango, y se ha presentado en la Argentina y Latinoamérica como concertino de orquestas de reconocidos músicos pop, como las de Charly García y Fito Páez.

- En el marco de su recorrido por distintas experiencias y formaciones, ¿Qué implica dirigir la Camerata?

- Es un honor muy grande y también una enorme responsabilidad, porque es una formación que tiene una historia muy importante y ha construido también un prestigio grande afuera del país a lo largo de muchas décadas. Hay que estar a la altura de lo hecho hasta ahora, respetando una tradición que es fuerte. Pero también un director tiene que aportar su propia mirada y eso lo hace más interesante. Estoy muy contento porque en esta oportunidad dirijo la Camerata en una gira de tres conciertos en tres ciudades diferentes. Asimismo, es un placer dirigirla porque los músicos que la conforman son extraordinarios.

- ¿Cómo se mantiene en alto el prestigio durante tanto tiempo?

- Trabajando con mucha seriedad. Hay que sostener y defender lo conseguido de concierto a concierto, en cada presentación. Siempre fue el legado para que la Camerata pase a nuevas generaciones desde sus comienzos. Hay que buscar siempre novedades, nuevos repertorios y nuevas maneras de abordar la música. Bueno, el prestigio en definitiva se construye durante muchos años.

- ¿Cuál es la exigencia especial y el mayor desafío de la música de cámara?

- Cada músico que integra la formación tiene una responsabilidad grande, porque todo se escucha. Somos pocas personas sobre el escenario y tenemos que hacer un trabajo muy detallado, ensamblar bien, no solo individualmente, sino estar juntos, frasear juntos, de respirar juntos muchas veces. Y el trabajo del director justamente es ese: marcar esas pautas y definir matices y cosas varias que hacen que podamos armar las obras que se tocan. Eso genera algo muy especial, porque la música de cámara es como una conversación entre nosotros. Por eso, el desafío principal consiste en que la conversación sea espontánea, pero que también tenga una precisión muy grande, porque tenemos que estar en armonía para poder cumplir con todo lo que el compositor quiso decir o escribió en cada obra.

- ¿Es un formato que merece mayor desarrollo en el país?

- Para mí sí. La música de cámara tiene todavía muchísimo espacio para desarrollarse en la Argentina. Hay muy buenos músicos y un público muy interesado en general. De hecho, hemos ido también a lugares donde la Camerata no había llegado y había una sed de música clásica y de esta clase de formación. Comprobamos que la gente salía de la sala muy contenta, nos saludaba con mucho cariño, estaba emocionada. Nuestra misión es que esa música se encuentre con el público y transmitirle todo lo que sabemos hacer y, por medio de los sonidos, para tocar sus almas.

- ¿Faltan más compositores contemporáneos argentinos en este estilo?

- Siempre es necesario estimular la creación contemporánea. Tenemos compositores en general que han venido con nuestras orquestas, sea con la Filarmónica o con la Sinfónica, que escriben para orquestas más grandes. La realidad es que no hay tantos autores que escriban para la formación como la nuestra. Los tiempos también han cambiado y se va un poco más hacia la música contemporánea y a aquello que no tiene mucho que ver con lo clásico. Pero la mezcla es importante y está bueno que de vez en cuando nosotros podamos incorporar en nuestro repertorio alguna composición de compositores nuevos argentinos, jóvenes y talentosos, porque los hay. La música siempre tiene que mirar hacia adelante sin perder el contacto con la historia que tiene y creo que hay mucho trabajo por delante para hacer acá en la Argentina.

- En Tucumán existe un ciclo de música de cámara en homenaje a Juan Carlos Grupalli, ¿tiene contacto con artistas locales?

- No tenemos contacto real con artistas locales, más allá de que nos hayamos encontrado con algunos en ciertas oportunidades. Que exista un ciclo dedicado a la música de cámara habla de que hay una actividad y un interés importante para este género. Siempre es un placer encontrarnos con otras agrupaciones e intérpretes. Es un enriquecimiento para todos y permite la combinación y el intercambio de saberes.

- Hace tiempo que no actúan en la provincia, ¿qué significa este reencuentro?

- Generalmente vamos a las provincias, y es siempre una alegría para nosotros tocar fuera de la ciudad de Buenos Aires. Tucumán tiene una tradición musical importante y un público que a nosotros, por lo que recuerdo, siempre nos ha recibido muy bien. Por eso es que esperamos esta gira con ilusión y para mí lo más lindo es volver, como en este caso, a lugares donde hemos actuado y reencontrarnos con el público que está esperando desde hace tiempo que volvamos. Para los dos es muy lindo: para el público y para nosotros.

- La formación como tal varía según los conciertos que se programan.

- No todos los músicos pueden a veces estar en todas las presentaciones. Entonces estamos obligados a llamar a algunas personas como reemplazantes, sin afectar la calidad del concierto. Somos una orquesta hecha por músicos de otras orquestas, de las más importantes del país, como la Filarmónica de Buenos Aires, que tiene sede en el Teatro Colón; la Sinfónica Nacional; la de Tango de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; y del Teatro Argentino de La Plata, entre otros. En mi caso, integro la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, y dentro de la Camerata formo parte de la fila de primeros violines.